16 de septiembre de 2009

El Primer Hombre de Roma: Galerio Rutilio Rufo, el Orador

Mediados del siglo V antes de nuestra era. Roma ha crecido y se ha hecho poderosa en la península Itálica. Tras las grandes victorias del cónsul Publio Valerio Laevino, que expulsó al rey Pirro de Epiro y conquistó todo el sur de Italia y la rica tierra de la isla de Sicilia, Roma no volvió a conocer un general de tan prestigiosas cualidades.
Lucio Anio Rufo impulsó una campaña en el Epiro para destronar al heredero del rey Pirro, su hijo Antígono, quien murió durante la toma de la capital epírota. Pero recién terminada la guerra contra el Epiro, los antiguos fenicios que fundaron la ciudad de Cartago, realizaron incursiones por mar hasta la ciudad siciliana de Lilíbeo, saqueando los almacenes de trigo destinado a Roma y arrasando tierras y pueblos enteros, exterminando la población.
El Senado no tardó en alarmarse, pues el único general capaz de hacer frente a la nueva invasión cartaginesa era el proconsul y gobernador del Epiro, Lucio Anio Rufo, que se encontraba organizando la última conquista romana en las Hélades. Pronto le llegaron las noticias y partió con varias de sus legiones rumbo a Sicilia por mar aprovechando el grandioso puerto de Siracusa, dejando el Epiro con apenas guarnición. Craso error que Roma lamentaría más tarde, pues fue arrasada por los codiciosos macedónicos, que se llamaban así mismos hijos de Alejandro.
Anio Rufo desembarcó en Siracusa junto a sus cuatro legiones, dispuesto a reconquistar la Sicilia antiguamente fenicia. Y así lo hizo en apenas dos años, exterminando de la isla de Sicilia cualquier rastro púnico restante. Pero con tal vanidad que poseía ahora el aclamado general, fue enviado por el Senado junto a su ejército a tomar posesión de las tierras púnicas de la isla de Sardinia (Córcega y Cerdeña), pero ahí fue derrotado por ellos y sus legiones aniquiladas. El Senado llegó incluso a acusarlo de traidor, pero no tenía tiempo para ello. Una raza de bárbaros venidos del noroeste cruzó los Alpes en millones y comenzó a arrasar las tierras del Véneto y Etruria, pronto llegarían a Roma, y el Senado y el Pueblo no poseían un general de categoría para rechazarl ni galos ni púnicos.

Solo una cosa propuso el Pontífice Máximo en aquellos tiempos, Lucio Cincinato, y en ella puso Roma entera su pasado, presente, y futuro. Las tierras de Umbría comenzaban a ser arrrasadas por los bárbaros celtas, llamados desde entonces galos, y en la pequeña ciudad picentina de Ariminum se instruía a los más jóvenes en el arte de la guerra a través de una pequeña academia administrada por un tal Tito Sextilio, que introdujo el arte en Italia desde la Magna Grecia, donde había pasado varios años estudiando.

- Pero no será un romano !! - exclamaban los senadores más conservadores. Entre ellos se encontraba Aulo Cornelio, llamado Concissio, pues según dicen nació junto un precipicio. Era de intachable ascendencia, de la gens Cornelia, pero su aspecto no distaba mucho de la de un etrusco, con pelo y barba rizada y tez oscura.

Concissio se encontraba junto a otros senadores conservadores protestando abiertamente sobre el nombramiento de un extranjero como general y comandante en jefe del ejército romano...

[...continuará...]